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Eduardo Mallea y La vida blanca
Por Alberto F. Roldán, doctor en teología
y ensayista.
La vida blanca no es precisamente la obra más conocida del
bahiense Eduardo Mallea. Más leídos son, por supuesto,
el notable ensayo Historia de una pasión argentina y las
novelas La bahía de silencio, Todo verdor perecerá,
Las águilas y La ciudad sobre el río inmóvil,
entre otras. Sin embargo, La vida blanca es, en nuestra opinión,
una especie de continuación de la Historia de una pasión
argentina. Bajo la metáfora de “la vida blanca”,
Mallea ofrece una apasionada reflexión sobre la situación
de la Argentina de sus días. Lo blanco es, para Mallea, símbolo
de lo incoloro, lo anodino, lo insulso, lo irresoluto, lo perezoso,
lo nostalgioso, lo abúlico.
El autor comienza con una breve historia de nuestra nación,
desde los tiempos de las gestas de independencia, los caudillos,
el gobierno de Rosas, etc. Señala que, pese a todo lo negativo
que tenía, había en ese tiempo: resolución,
acción, decisión, virtudes que él no ve cuando
escribe su obra. Recurriendo a la personificación, Mallea
destaca que aquel era “un país de pie”. Ahora,
lo ve como un país acostado, abúlico, derrotado, sin
fuerzas, sin decisión. En pasajes plenos de poesía,
dice: “Nada en ese rostro es ahora vibración, sino
siesta; nada en él es tensión, sino flojedad; nada
en él cobra eminencia, todo se tala, como el árbol
inservible, a la medida mediana...” (p. 83). Y en otro tramo
exclama: “¡Ah, nuestra vida blanca, un irse desviviendo
por las puntas, puestas las puntas a tocar fines que no resultan,
a la postre, fines, sino sólo medios aguzados! Sordina y
palidez de relaciones. Afán de parecido, pasividad, tibieza,
beatería... Docilidad; indiferencia; monotonía.”
(p. 106).
Al igual que Historia de una pasión argentina, la obra que
comentamos no nos deja indemnes. Sacude nuestra modorra intelectual,
nuestra pasividad, instándonos a la toma de conciencia de
la acción por la búsqueda de una Argentina de pie,
que haga lo que el destino le ha indicado: ser una nación
grande, pujante, activa, que marca rumbos. La vida blanca es la
búsqueda profunda de la Argentina profunda que ansía
adquirir tonalidad, colorido, vivacidad.
La cuidadosa edición que nos ofrece la Fundación
Carolina de Argentina, con la coordinación general de Roberto
Bosca, se enriquece con dos ensayos: el primero, a modo de prólogo,
escrito por Pedro Luis Barcia, nos introduce en la obra desde el
ángulo literario. El segundo, escrito por Rosendo Fraga,
es un epílogo en el cual el politólogo intenta establecer
puentes entre la Argentina del tiempo en que Mallea escribió
su obra, y la Argentina de hoy que debiera buscar su reconquista
y reinserción en el concierto de las naciones más
importantes de nuestro mundo. Felicitaciones a los editores por
ofrecernos una edición tan cuidadosa de una obra esencial
para entender nuestro pasado y nuestro destino.

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