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UNA EMPRESA INTELECTUAL PARA UNA CULTURA
POLÍTICA
Por Carlos Floria. Presidente del Consejo Académico
del Fondo Editorial de la FCA
La Fundación Carolina de Argentina tiene entre sus programas
culturales un "Fondo Editorial". Es decir: la fundación
no es una gran editorial, sino que tiene a una editorial selectiva
y aplicada a cuestiones de la Argentina y el mundo como uno de sus
programas específicos.
Una editorial, sea como empresa o como actividad específica
dentro de un programa mayor, es una prolongación natural
de una empresa intelectual. En nuestro caso, esta empresa intelectual
parte de una apreciación de las cuestiones que nos parecen
relevantes. No de los problemas, que son infinitos, sino de las
cuestiones -- de los issues-- que son pocas pero de cuya identificación
depende la relativa solución de problemas o su generación,
si la identificación es insuficiente o errada.
El Fondo tiene un director y una suerte de consejo académico,
de protagonistas de la vida intelectual argentina con trayectorias
probadas.
Es un consejo plural y pluralista, conocedor de dimensiones diferentes
de la realidad cultural, nacional e internacional. La pluralidad
es un dato, por así decir, sociológico. El pluralismo
deriva del comportamiento. El consejo que me toca presidir está
constituído por quince intelectuales de ambos géneros,
entre los cuales personalidades de diferentes religiones y culturas
que incluyen el cristianismo, el judaísmo, el islamismo,
el laicismo...y disciplinas: literatura, historia, derecho, medicina,
economía, politología, ciencia ficción....Todos
convienen en que el diálogo es un encuentro en pos de una
verdad más alta, y en que el fondo editorial debe contribuir
a la mejor explicación de la realidad en las dimensiones
que la constituyen.
Luego de comenzar su existencia con obras y colecciones de ensayos
relativos a la literatura, la línea editorial del Fondo procura
alentar el ejercicio comparativo: comparar el conocer, pero tambien
controlar la calidad del conocimiento.
Dos ejemplos pretenden ilustrar lo dicho. El consejo académico
seleccionó gestionar las autorizaciones correspondientes
para la traducción y edición de dos obras representativas
de los criterios enunciados. Una, de Alfred Grosser, titulada en
su edición francesa Le Crime et la mémoire, expresa
la pasión de comprender desde la moral política, los
horrores del siglo XX, que atraviesan casi todas las situaciones
nacionales y los conflictos mundiales y que no parecen lecciones
suficientes para el siglo actual, según aquí y allá,
se comprueba. Grosser, judío alemán que huye del nazismo
y obtiene la ciudadanía francesa, ha sido un puente entre
Alemania y Francia como se reconoció al otorgársele
el gran premio de la Academia francesa en 1998. Su itinerario no
tiene exposición pública conmocionante fuera de aquellos
países y merece que la difusión de su pensamiento
se difunda.
Es un convencido, por experiencia y sabiduría, que todo acto
politico comporta una dimensión ética que nos debe
llevar a aprehender las dos faces de cada acontecimiento. Comprender
no dispensa de juzgar. La obra rechaza el relativismo cultural en
el sentido de retener los juicios apelando a la diversidad de culturas
y de referir las conductas humanas a valores universales. El libro
es una invitación a cada uno de los dos pueblos a comprender
al otro y aceptar sus diferencias al mismo tiempo que aplican a
sí mismos los criterios que inspiran los juicios sobre el
otro. Constituye, en fin, una informada y conmovedora exposición
conducente al ejercicio del sentido positivo de la tolerancia.
El segundo libro cuya traducción y edición se gestiona
es Liberty and Power. A Dialogue on Religion & U.S.Foreign Policy
in an Unjust World. Edición relativamente reciente de un
seminario organizado por "The Pew Forum Dialogues on Religion
and Public Life", expone una serie fascinante de cuatro exposiciones
centradas en torno de dos de los más relevantes académicos
en teología, política y moralidad:Bryan Hehir y Michael
Walzer, el primero, católico, profesor de práctica
de la religión en el espacio público en la Harvard's
Kennedy School of Government; el segundo, judio, profesor de ciencias
sociales en el Institutge for Advanced Study at Princeton University.
Los otros intelectuales contribuyentes son Louise Richardson, Shibley
Telhami, Charles Krauthammer y James Lindsay con créditos
todos como expertos en política internacional. El presente
libro aborda, desde perspectivas diferentes, la enorme cuestión
del rol de la religión en el espacio público vista
desde las tradiciones y experiencias actuales de los Estados Unidos.
Contribuye a la interpretación de la política exterior
norteamericana y la pugna entre neoconservadores, conservadores
tradicionales y liberales --en el sentido estadounidense de esas
corrientes--, sus luces y, por la apreciación inteligente
y sensible expuesta, sus sombras, que cubren dramáticamente
lo que Stanley Hoffmann llama el (des)orden internacional. Pero
la contribución mayor, según nuestra interpretación,
es la de volver la atención sobre la dimensión religiosa
como uno de los elementos constitutivos de la vida personal, nacional
e internacional, que debe ser explorada con libertad intelectual
e información comparada para abordar los problemas del hombre
y del mundo. Si es preciso a contrapelo del "aire de los tiempos"
y, no sin coraje en todos los casos, verificando que la pedagogía
es lo contrario de la demagogia, aún en el observador comprometido,
y que la democracia descansa en un fenómeno cultural, no
en un hecho de la naturaleza.
Nota: El consejo académico del Fondo Editorial de la Fundación
Carolina de Argentina está integrado por Omar Abboud, Marcos
Aguinis, Roberto Bosca, Lila Caimari,Pablo Capanna, José
Luis Galimidi, Lucía Gálvez, María Angélica
Gelli, Guillermo Jaim Etcheverry, León Klenicki, Félix
Luna, Juan J.Llach, José E.Miguens, Ana María Mustapic
y María Sáenz Quesada.

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